Llegó a mi vida, y de qué manera. Llegó cuando todas las personas iban hacia algún lugar, menos yo. Mi corazón no esperaba visitas, pero adelante —dije— no se quede en la puerta. Cosió una sonrisa en mi corazón de una manera tan profesional que hoy en día ni los más enérgicos tirones pueden romperla. Encontró en mí lo que yo más escondía y lo hizo tan suyo como un secreto. Rompió mi coraza y sacó lo más indómito de mis escondrijos para pulir con la más serena paciencia el alma de acero que se encontraba oxidada. Ella es muy importante para mí, incluso para todos, aunque a veces a muchas personas se les olvide. Llegó a mi vida como quien está en las peores fachas y no espera nadie, como quien compra un billete de lotería y no sabe que será el ganador, como quien despierta una mañana y de repente es feliz. Llegó a mi vida, y de qué manera.
Melancolía, dulce adicción.
Y hacer contigo lo que la poesía aún no ha escrito.
domingo, 9 de noviembre de 2014
jueves, 2 de octubre de 2014
La noche más erótica se vive sobre tu cuerpo y dentro de tu piel y no bajo las estrellas o encima de una montaña. Tus ojos sirviéndome de luna, tus abrazos sirviéndome de cobijas, tu pelo sirviéndome de brisa, tu respiración sirviéndome de oxígeno, tus piernas sirviéndome de compañía, tus uñas sirviéndome de caricias, tus gemidos sirviéndome de música de fondo y tu sexo sirviéndome de paraíso. Y me abres el apetito cuando eres comida, y me produces la sed cuando eres néctar y eres noche cuando me agobias en el insomnio y yo me quedo ávida, esperando otro día para visitarte y quedarme viviendo de nuevo debajo de tus brazos, dentro de tu mente, en medio de tu boca, en medio de tu cuello, entre tus piernas o en la parte cálida de tu alma. Donde se te antoje darme un espacio, vivir en ti es lo importante.
miércoles, 1 de octubre de 2014
Perdóneme.
Perdóneme por darle alas a su espalda cuando no esperaba más que la caída, y también por mi noble intención de querer desparasitar su tormentoso pasado. Me excuso penosamente por querer higienizar las telarañas que se hallaban adheridas a su alma y también por querer mirar el mundo a través de sus ojos. Mi intención nunca fue otra que querer llenar de momentos ese baúl vacío al que unos llaman corazón. Perdón por haber querido considerarle “mi todo”. Enserio, qué pena.
martes, 30 de septiembre de 2014
Ciento noventa y siete palabras para ti, mi amor.
Anoche mientras dormías, cuando escuchaba tu aguda y jadeante respiración, te escribí estas palabras. No son palabras de amor, ni mucho menos palabras de despedida. Son solo palabras, que te pertenecen, por supuesto. No me pareció muy apropiado despertarte. Te sentía tan distante y lejos del lugar donde te encontrabas que ni siquiera mi voz llegaba a tus sentidos. Tu boca no era nada más que inhalación y exhalación, tan coordinada como una sinfonía imperecedera, como un paradigma de lo que significaría ser tu audiencia cada vez que el telón de tus ojos se cerrara y todos tus sueños se abrieran. Estabas en otro estado pero aún seguías siendo tú mientras yo contaba pacientemente cada sube y baja de tus pulmones cuando se llenaban de aire. Repetiste el mismo jadeo por más de doscientas veces, y yo estaba atenta a cada vez que lo hacías. ¿Sabes siquiera lo bonito que te escuchas ahora, mientras estás perdidamente atrapado en tus sueños? Ojalá que con estas ciento noventa y siete palabras te parezca suficiente. Me hubiera gustado seguir escribiéndote más, pero has despertado, lo primero que has hecho, ha sido suspirar. ¿A dónde te habrás ido que has vuelto tan pronto?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



